El pasado sábado,  22 de julio, nuestro “gato maragato” visitó un emblemático lugar muy unido a las tradiciones, el Torreón de Pernía, en Otero de Escarpizo, un lugar que se abre a tierras tierras  de

El acto, introducido por Benito “Escarpizo” que ejerció de anfitrión de este Centro de Etnografía y Cultura Popular, también  ofreció  al público presente historias, leyendas, el acompañamiento de la música del rabel y otros elementos intentarán deleitar a los asistentes en una velada que estrechará la antigua relación existente entre la Cepeda y Maragatería.

Una magnífica velada en la que pudimos disfrutar de la magia de ayer y de siempre entre secretos y certezas de la tradición oral. Como sorpresa, los gatos cepedanos nos obsequiaron con un bonito presente en el que se hermanaron con nuestro gato maragato, dándonos la bienvenida y dejándonos su presencia para siempre. También pudimos contar con la participación de los niños presentes, la complicidad de los adultos y… además… aprendimos mucho.  Por ejemplo que en la Cepeda baja, donde estábamos, no se recordaban los filandones si no a través de la expresión “ir a velar”, algunos de los presentes recordaron como dichas veladas se solían dividir en espacios diferentes, uno ocupado por las mujeres, otro por los hombres y un tercero por la rapacería de la casa. Se recordó también una bebida típica de estos momentos, el vino con miel, y las galletas de coco que en ocasiones les eran repartidas a los más pequeñuelos. hablamos también de la “piedra caliente” Ábano, lugar en el que antaño la gente se reunía en verano para contar sus historias, y Ángel Fco. Casado nos acercó elementos de la tradición oral recogidos de una anciana de dicho pueblo que aún conserva una memoria prodigiosa como una retahíla o un antiguo y extraño romance cuya lectura compartimos, y que compagino con las notas de dos elementos muy tradicionales: el birimbao (una especie de pequeña arpa de boca) y el rabel (también conocido como el instrumento de los pastores) construido por él mismo – siguiendo la tradición – con madera de fresno de la zona.

Pudimos comprobar también como nuestro “gato maragato” ya está haciendo de las suyas, y una activa abuela compartió la experiencia de la noche anterior en una noche de estrellas con sus nietos y nietas, en la huerta, alumbrados por la luz de las velas para contar la historia de nuestro gato que luego buscaron  (y casi todos encontraron) en el cielo estrellado de una noche de julio. Eso sí, ya sabéis, en diferentes lugares. Igual que ocurrió durante la velada buscando sobre el cielo reproducido en mi “traje de contar”.

Un secreto y un guiño: los presentes lograron localizar alguno más de los gatos que yo recordaba haber pintado en el mismo. Una muestra más de la magia traviesa que acompaña a este personajillo allá por donde va.

Solo me queda dar las gracias a quienes me acompañaron a un lado y al otro e hicieron que la velada adquiriese verdadero espíritu de filandón, un espíritu que pasado el verano sé que viajará hacia el sur, hacia tierras andaluzas de la mano de alguna de las personas presentes.

Como veis una velada inolvidable donde la comunicación intergeneracional y la fuerza de la tradición oral volvió a hacerse presente una vez más. Una velada diferente a la del resto de los lugares porque cada uno de ellos deja en ellas su personal impronta.

¡No te pierdas la próxima!

 

GALERÍA DE FOTOS (Diferentes momentos de la velada)

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